Descripción
La última síntesis del jurista que fundó la privacidad en Italia
Stefano Rodotà fue el primer Garante italiano de protección de datos. Además, presidió el grupo europeo de autoridades de privacidad y participó en la redacción de la Carta de Niza. Este libro recoge la voz enciclopédica que escribió para Treccani, publicada en 2021. Es, por tanto, su balance final sobre el derecho que él mismo contribuyó a construir.
La privacidad no nació como un derecho de todos
Rodotà empieza por donde casi nadie empieza. La necesidad de intimidad no es un dato natural del ser humano. Es, más bien, una conquista histórica de la burguesía. Surgió con la disgregación de la sociedad feudal y se consolidó con la revolución industrial. Por eso el autor recuerda una fórmula incómoda: pobreza y privacidad son sencillamente contradictorias. En consecuencia, el «derecho a ser dejado en paz» puede volverse negativo. Ocurre cuando encubre el abandono de los más débiles.
Del secreto al control: la gran transformación
Después, el libro reconstruye el desplazamiento decisivo. La privacidad dejó de ser exclusión y pasó a ser control. Ya no basta con impedir que otros sepan. Ahora hace falta decidir qué se hace con lo que ya saben. Ese giro tiene nombre jurídico: autodeterminación informativa. El Tribunal Constitucional alemán lo consagró en 1983, en la célebre sentencia del censo. Más tarde, la Carta de Niza lo codificó como habeas data. Y ese habeas data, sostiene Rodotà, es en la sociedad digital lo que el habeas corpus fue desde la Carta Magna.
De la sociedad de la información a la sociedad de la clasificación
Sin embargo, el diagnóstico más duro llega al final. La vigilancia ya no es solo política ni autoritaria. Hoy es un rasgo ordinario de las relaciones de mercado. Además, su objetivo ha cambiado: no busca impedir conductas, sino clasificar personas. Así, la sociedad de la información se convierte en sociedad de la vigilancia y, finalmente, en sociedad de la clasificación. Aparece entonces la imagen del «hombre de cristal», que Rodotà recuerda que procede del nazismo.
Tres desplazamientos que lo cambian todo
El autor resume el nuevo paisaje en tres movimientos. Primero, pasamos del control exclusivo de nuestros datos a un mundo de datos compartidos. Segundo, la cesión de información dejó de ser interpersonal y se volvió transacción abstracta. Antes la vulneración típica era el chisme; ahora es el registro sistemático. Tercero, ya no basta con controlar lo que sale de la esfera privada. Cada vez importa más controlar lo que entra, como muestra el derecho a no saber.
Un volumen breve con dos textos que lo enmarcan
La edición no se limita al ensayo de Rodotà. Antonello Soro, que presidió el Garante italiano entre 2012 y 2020, firma el estudio introductorio. En él recorre la parábola de este derecho «inquieto», desde la intimidad clásica hasta el habeas data. Franco Gallo, presidente emérito de la Corte Constitucional italiana, aporta un recuerdo personal del autor. La traducción incluye además notas que aclaran un problema real: el italiano riservatezza no tiene equivalente único en español.
Para quién es este libro
La obra es breve y su prosa resulta accesible. Por eso funciona bien como lectura introductoria. Encaja en cursos de Derecho constitucional, protección de datos y filosofía del derecho. También interesa a delegados de protección de datos y a profesionales del compliance. Y sirve, en general, a cualquier lector que quiera entender de dónde viene el RGPD.
¿Qué es la autodeterminación informativa?
Es el derecho de cada persona a decidir sobre la información que le concierne. No consiste solo en ocultar datos. Implica, sobre todo, poder acceder a ellos, corregirlos y exigir su supresión. El Tribunal Constitucional alemán lo formuló en 1983. Desde entonces se ha convertido en el eje de la protección de datos europea.
¿Qué significa habeas data?
Es la facultad de controlar los datos personales propios, incluso cuando obran en poder de terceros. La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea lo reconoció en el año 2000. Rodotà lo presenta como el equivalente digital del habeas corpus. En otras palabras, protege el «cuerpo electrónico» igual que el habeas corpus protegió el cuerpo físico.
¿Por qué se traduce riservatezza de distintas maneras?
Porque el término italiano cubre dos dimensiones que el español separa. Designa el secreto y la exclusión, pero también funciona como equivalente de privacy. Por eso la traducción usa «intimidad» cuando el autor subraya el secreto. En cambio, emplea «privacidad» cuando remite al control y a la autodeterminación informativa. Además, mantiene riservatezza en cursiva cuando el uso es metalingüístico.
¿Es un libro solo para juristas?
No. El texto nació como voz enciclopédica y conserva esa vocación divulgativa. Por tanto, no exige formación jurídica previa. Sin embargo, su densidad conceptual lo hace igualmente útil para el especialista.









